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Fenómeno Misionero

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Por Fernando Retamozo (*)

Centralidad absoluta en el debate político y social; la oposición atenta a cada palabra, a cada acto para tuitear ni bien aparece la ocasión; cientos de personas reunidas y la costumbre de fijar agenda. Eso viene siendo, desde su gestación hasta su lanzamiento, el Frente Encuentro Misionero. Una centralidad política que no se construye desde la pelea, sino desde propuestas concretas, como la eliminación de impuestos nacionales —IVA y Ganancias— para avanzar hacia un esquema de “territorio libre de impuestos” en Misiones. Los detractores de siempre se apuran en querer minimizarlo, pero lo cierto es que hay algo evidente: ocupa el centro del debate y obliga a todos a reubicarse.

El viernes no fue la excepción. La reunión en la Casa del Militante tuvo más de puesta en marcha que de simple presentación: confluyeron sectores que hasta hace poco parecían políticamente distantes, desde militantes del Partido Agrario y Social hasta radicales, peronistas, independientes e incluso libertarios desencantados. También dijeron presente figuras como Leonardo “Lalo” Stelatto, Lucas Romero Spinelli, Sebastián Macias y Oscar Herrera Ahuad, en una postal que mostró diversidad, volumen político y una militancia que volvió a activarse con una energía contenida que por momentos rozó lo explosivo.

En ese marco, los ejes del nuevo espacio comenzaron a delinearse con claridad. La idea de construir desde la gente y no desde las estructuras tradicionales atravesó todos los discursos, junto con la necesidad de sostener derechos, servicios y garantías en un contexto nacional incierto. A eso se suma una defensa explícita de la autonomía provincial, la gestión cercana y la búsqueda de una síntesis política más amplia, incluso con la idea de una suerte de refundación con puertas abiertas, capaz de superar las lógicas rígidas que durante años ordenaron el escenario partidario.

Hay algo que quedó claro desde el inicio: el nacimiento de este espacio no busca acumular dirigentes conocidos ni reciclar sellos con representatividad desgastada. La apuesta es otra. No es con los dirigentes, es con la gente.

Ese dato no es menor. Lo que se empieza a configurar no es un frente clásico, sino una respuesta a un clima social que atraviesa a todos los espacios. Hay una percepción extendida de que las opciones tradicionales no alcanzan. Y en ese vacío aparece una construcción que intenta mostrarse sin estridencias, con mesura, con capacidad de gestión y, sobre todo, con una promesa concreta: sostener derechos, servicios y garantías sin caer en los extremos.

Porque si algo atraviesa el humor social hoy es la tensión entre dos modelos que generan más preocupación que adhesión. Por un lado, el rumbo económico del gobierno de Javier Milei, con su lógica de ajuste, ha impactado de lleno en las economías regionales. Por otro, la memoria reciente de una política nacional que tampoco logró dar respuestas sostenibles. En Misiones, esa grieta se traduce en una búsqueda más pragmática, donde muchos ya no votan por identidad sino por resultados.

La reunión de Encuentro Misionero se inscribe exactamente en ese punto. Y lo hace con una premisa que atraviesa todos los discursos: dejar de lado el individualismo para construir una síntesis más amplia. Desde la gestión territorial, Leonardo “Lalo” Stelatto fue claro al plantear que la defensa de los derechos de los misioneros no vendrá desde afuera, poniendo en el centro la necesidad de fortalecer la autonomía provincial.

En la misma línea, Lucas Romero Spinelli habló de una refundación política con puertas abiertas, pero no como una consigna vacía, sino como una redefinición del modo de hacer política en la provincia. En tiempos donde la política tiende a cerrarse sobre sí misma, la idea de apertura aparece como condición de supervivencia.

A su vez, Sebastián Macias bajó esa discusión a tierra al recordar que detrás de cada número hay una familia, marcando distancia con una mirada económica que muchas veces se queda en las planillas y se olvida de la vida cotidiana.

Ese eje —la defensa de lo propio— no se queda en el discurso. Tiene correlato en la gestión. Oscar Herrera Ahuad lo sintetizó al señalar que no se trata de un cambio de nombre, sino de un nuevo desafío político: abrir el espacio, sumar sectores y defender los intereses de los misioneros en un contexto nacional adverso.

También en ese plano aparece un dato que no debería pasar desapercibido. Mientras la Nación se repliega o desregula, la provincia intenta sostener iniciativas concretas para amortiguar el impacto. El gobernador Hugo Passalacqua volvió a poner sobre la mesa la defensa de la producción misionera al solicitar la reducción del IVA para la harina de mandioca. En paralelo, la mesa yerbatera con productores, industria y trabajadores muestra un Estado que busca ordenar, mediar y dar previsibilidad en medio de la incertidumbre.

Este contraste con el escenario nacional es cada vez más evidente. La economía no encuentra equilibrio, el consumo cae y la incertidumbre se vuelve regla. A eso se suma un clima político enrarecido, donde el Presidente profundiza su confrontación con la prensa, en un esquema que inevitablemente recuerda a etapas anteriores, como las tensiones durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Cambian los discursos, pero ciertas dinámicas parecen repetirse.

En ese contexto, la aparición de un espacio que intenta correrse del ruido y construir desde la gestión y la cercanía no es un dato menor. Lo que dejó la primera reunión de Encuentro Misionero es una señal clara: la maquinaria se puso en marcha. Hay decisión de salir al territorio, de escuchar, de ampliar y de construir una opción competitiva.

Y en esa construcción, Misiones vuelve a ensayar su propio camino. Uno que no reniega de la política, pero que intenta reconciliarla con la realidad. Porque cuando la política logra encontrarse con la sociedad, deja de ser un problema y vuelve a ser, otra vez, una herramienta.