Este lunes 2 de noviembre, la comunidad de Puerto Iguazú conmemoró el Día de los Fieles Difuntos con dos celebraciones eucarísticas organizadas por la Parroquia San Roque González de Santa Cruz y Compañeros Mártires. La misa de las 7 de la mañana se realizó en la Cruz Mayor del Cementerio Municipal El Salvador y fue presidida por el obispo de la Diócesis de Puerto Iguazú, monseñor Nicolás Baisi. La de las 17, que también estaba prevista en el cementerio, se trasladó a la parroquia por las inclemencias del tiempo.
En la homilía en el cementerio, monseñor Baisi destacó el sentido de esperanza de la jornada: “Rezamos especialmente por nuestros amigos y familiares difuntos. Es un día donde nuestra esperanza en la vida eterna y nuestra fe en que Cristo, que ha muerto en la cruz, ha resucitado, nos da esperanza a nosotros para resucitar junto con Él”.El obispo recordó la enseñanza de San Pablo y de la Biblia: “Así como Cristo resucitó, resucitaremos también nosotros”. Explicó que la reunión en el cementerio tiene sentido porque “rezamos por nuestros hermanos difuntos sabiendo que viven y queremos que lleguen a la plena presencia de Dios”, a “la gloria de Dios, a la luz luminosa de Dios”, para lo cual “necesitamos el corazón bien limpio”.
Baisi subrayó que se reza por ellos “para que puedan alcanzar la gloria del cielo” y que, al mismo tiempo, “esto nos da esperanza de llegar nosotros a la gloria del cielo”. “Esta conmemoración de los fieles difuntos siempre es un motivo de esperanza para nosotros. Rezamos por ellos porque sabemos que viven; si no, no rezaríamos. Y como sabemos que viven, también sabemos que nosotros viviremos después de la muerte. Rezamos por ellos porque esperamos la vida eterna, para ellos y para nosotros. Como el Señor Jesús resucitó, esperamos también resucitar nosotros”, concluyó.
En la homilía de la misa de la tarde, celebrada en la parroquia, el padre Lucas Gonzalo Rojas invitó a recordar a los seres queridos que ya partieron con cariño, gratitud y esperanza de encuentro en la eternidad. Señaló que la Iglesia no llama a quedar sumergidos en la tristeza y el dolor, sino a mirar la muerte con los ojos de Dios y con la esperanza que da Jesucristo.
“La muerte no tiene la última palabra, sino que la tiene Dios. Y la palabra de Dios es vida, es amor, es resurrección, es esperanza”, afirmó, recordando las palabras del Evangelio: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá”. Reconoció el dolor humano —como el propio Jesús lloró ante la muerte de Lázaro—, pero subrayó que la muerte no es el fin de la historia.

El sacerdote enfatizó que el gesto más importante no es solo llevar flores o encender una vela, sino rezar por los difuntos y ofrecer la Santa Misa, un acto de amor y de fe verdadera. También llamó a renovar la esperanza cristiana en la vida eterna y a reflexionar sobre la propia existencia: cómo se está viviendo el tiempo presente, si se ama, se perdona, se hace el bien y se cuida a quienes están al lado. “No sabemos el día ni la hora. Vendré, dice el Señor, como un ladrón en la noche. Que nos encuentre atentos y vigilantes”, advirtió, invitando a vivir cada día en el amor de Dios.







