Por primera vez, dos estudiantes del Instituto Esperanza participan de la elección de Rey y Reina de los Estudiantes de Puerto Iguazú. La institución, con más de 35 años de trabajo, reivindica el lugar que siempre les perteneció.
Más de 35 años de abrazos, acompañamiento y lucha por los derechos de las personas con discapacidad resumen la historia del Instituto Esperanza en Puerto Iguazú. Más de tres décadas de sueños, lágrimas, esfuerzos y conquistas que, según la propia comunidad educativa, enseñaron una lección persistente: las barreras más difíciles de derribar muchas veces no están en las rampas ni en las leyes, sino en la mirada de la sociedad.
Este sábado, en el cierre de la Estudiantina 2026, esa historia da un paso visible. Por primera vez, Mili y Felipe, estudiantes del Instituto Esperanza, participan de la elección municipal de Rey y Reina de los Estudiantes de Puerto Iguazú, en el Anfiteatro Ramón Ayala.

Desde la institución lo plantean con claridad: no se trata solo de una corona.
“Al verlos sobre ese escenario, no vemos solamente a dos jóvenes hermosos. Vemos a generaciones de estudiantes, a familias que nunca bajaron los brazos y a docentes que dejaron el corazón luchando por una sociedad más inclusiva”, expresa el mensaje que circula entre la comunidad del Instituto.

“Hoy no venimos solamente por una corona. Venimos a ocupar un lugar que siempre nos perteneció por derecho. Porque nuestros chicos también tienen derecho a soñar, a divertirse, a sentirse hermosos, a ser protagonistas y a vivir su juventud como cualquier otro joven”.

El Instituto Esperanza 0913 de Educación Especial y Rehabilitación sostiene que si esta noche una sola persona cambia su mirada sobre la discapacidad, la misión habrá valido la pena. El eje del reclamo es nítido: la inclusión no es un favor ni un acto de caridad. Es un derecho.
“Nuestros estudiantes no necesitan que les regalen un lugar en el mundo, sino que se les reconozca el lugar que siempre fue suyo”.
Pase lo que pase en la coronación, la institución ya eligió. “Hoy, pase lo que pase, para nuestra familia Esperanza ustedes ya son nuestros reyes”, le dicen a Mili y Felipe.
El agradecimiento cierra el mensaje con la misma fuerza con la que la escuela trabaja todos los días: “Gracias, Mili y Felipe, por regalarnos este momento que quedará grabado para siempre en nuestros corazones. ¡Que viva la inclusión y que viva nuestro querido Instituto Esperanza!”.
La participación de ambos jóvenes se inscribe en una trayectoria institucional que no se limita a la fiesta estudiantil. El Esperanza acompaña a estudiantes con discapacidad de distintas edades en la ciudad, impulsa obras de accesibilidad, ampliación de salas y actividades solidarias, y insiste en visibilizar capacidades allí donde todavía pesan los prejuicios.
Esta noche, en el escenario de los estudiantes, esa reivindicación deja de ser solo un discurso interno y se vuelve presencia pública.








