Un texto atribuido a Mateo, de 15 años, del barrio Parque Schwelm, se viralizó tras el cruce en la Comisión de Deportes. El adolescente cuenta que entrena descalzo, come reviro y vende chipá, y le pide al legislador misionero que no corte la misma soga que a él lo sostuvo en el CeNARD.
La polémica que protagonizó el diputado nacional por Misiones Diego Hartfield en la Comisión de Deportes saltó de las redes porteñas a las canchitas del interior. Un texto firmado por un adolescente de Eldorado —se presenta como Mateo, 15 años, barrio Parque Schwelm— circula con fuerza y pone en palabras locales lo que en el Congreso se discutió con recortes: si el Estado debe o no sostener a los clubes de barrio.
Hartfield, extenista, vicepresidente segundo de la comisión y referente de La Libertad Avanza, defendió la reducción de la asistencia estatal a los clubes. Ante representantes de instituciones de base, sostuvo que “vivir de subsidios puede tener sus costos” y que el Gobierno prioriza el equilibrio de las cuentas públicas.
Legisladores opositores le recordaron que, a los 16 años, él mismo recibió una beca estatal para vivir y entrenar en el CeNARD. El diputado se levantó y se fue.
Nacido en Oberá, de adolescente viajaba unos 100 kilómetros diarios hasta Posadas para entrenar. Después se mudó a Buenos Aires con una beca que le permitió alojarse en el CeNARD —él habla de un año y medio; otras versiones, de dos años— y compartir habitación con tenistas de proyección. Esa estructura lo acercó al circuito profesional: en 2006 se clasificó a Roland Garros y enfrentó a Roger Federer; en 2007 llegó al 73 del ranking ATP. Luego se dedicó a las finanzas y, desde diciembre de 2025, ocupa una banca nacional por Misiones.En su descargo, Hartfield reconoció la beca, rechazó las críticas y diferenciò: “Confundir una beca con un subsidio es de burro o de mala persona”. Dijo que esas becas eran de alto rendimiento y que había compartido pieza con Agustín Calleri y Guillermo Coria.
El texto que se viralizó
El escrito de Mateo no habla de rankings. Habla de la canchita del Parque Schwelm, del Polideportivo del kilómetro 9, de boletos de colectivo que no alcanzan y de una zapatilla cuya suela se despegó el martes. Dice que corre, que entrena para provinciales y nacionales, y que en su casa no hay plata para eso.
Cuenta que el profesor de Educación Física les mostró el video del Congreso. Que vio a Hartfield decirles a los presidentes de clubes que no se puede vivir de subsidios. Y que lo vio levantarse cuando le recordaron que, a la misma edad, él comía, dormía y entrenaba gracias a una beca del Estado.
“Hoy vine a entrenar descalzo. No es por orgullo, ni por una promesa. Es porque la suela de la zapa derecha se despegó del todo el martes y mi mamá me pidió que las deje en la zapatería del barrio”. Mientras corría sobre la tierra fría, dice, pensó en los años del diputado “viviendo gratis en Buenos Aires, pagados por la gente”.
La carta pone el foco en la mesa misionera: “En mi casa comemos reviro casi todos los días. Harina, grasa y agua”. Con el estómago lleno de masa frita, sostiene, “no se puede picar en velocidad; las piernas pesan como si fueran de plomo”.
También habla de su padre tarefero: que los 20 mil pesos por día ya no alcanzan y que la hoja verde no vale nada. Para ayudar, Mateo dice que vende chipá a la salida de la escuela y vuelve con el canasto casi lleno.
El cierre es el que más corre en redes:
“Usted pudo saltar la soga porque alguien le sostuvo los extremos, le dio de comer y le cuidó la salud. Ahora que llegó arriba, decidió cortar la soga para que nadie más salte”.
No pide que le pague la luz a todos los clubes del país. Le propone devolver “un poquito”: zapatillas para un club, comida con proteínas para los chicos del barrio.
“Nosotros no queremos vivir de arriba, señor Hartfield. Queremos lo mismo que tuvo usted: una oportunidad de correr el partido”.
Firma: Mateo. Eldorado, Misiones.
Una discusión que no es solo de Buenos Aires
El relato encaja con lo que se ve en Misiones: clubes que sostienen pibes con lo que hay, familias tareferas apretadas, chicos que entrenan con material roto, y un debate nacional que llega hasta la pista de tierra del Parque Schwelm.
Hartfield insiste en que una beca de alto rendimiento no es lo mismo que un subsidio a un club de barrio. La oposición y los dirigentes de las instituciones de base responden que, sin esa red mínima, muchos ni siquiera llegan a competir.






