Av. Calandrias y Golondrinas - B° IPRODHA

Puerto Iguazú, Misiones, Argentina

Online

En tu PC o tu celu

El periodismo que Misiones necesita… y el que algunos pretenden

Facebook
Twitter
WhatsApp

El legislador nacional de La Libertad Avanza publicó este domingo en sus redes un texto con título grandilocuente: “El periodismo que Misiones necesita”. Habla de diálogo, de escuchar las dos campanas, de elevar el nivel de la discusión y hasta cita la Biblia. Suena bien. El problema es que el mismo texto revela, con claridad, qué entiende realmente por periodismo cuando el relato no le acomoda.

Empieza reconociendo que tiene vínculos con periodistas desde los 8 años y que trabajó en medios. Bien. Pero acto seguido se indigna porque un diario de este domingo dedicó dos páginas a la Ley de Tierras y “no encontró una sola voz del otro lado”. Es decir: le molesta que un medio haya decidido priorizar las voces críticas a una iniciativa que él defiende. No cuestiona la calidad de los argumentos, ni la rigurosidad de los datos, ni las fuentes. Cuestiona que no hayan puesto “la otra campana”… la suya.


Ahí aparece la primera contradicción. El legislador dice que no pide neutralidad, que está bien que un medio tenga ideología. Pero en la práctica exige que el periodismo actúe como caja de resonancia de su propio relato. Cuando el medio no lo hace, lo acusa de empobrecer el debate. Es una forma elegante de decir: “si no me dan espacio en las mismas condiciones que a mis adversarios, entonces el periodismo está fallando”.

Más adelante celebra que las redes democratizaron la palabra. Correcto. Él mismo las usa. Pero aprovecha para recordar la “Ley Mordaza” que, según él, todavía rige en Misiones y “deberíamos revisar”. Interesante que un legislador nacional que forma parte del Congreso se presente como víctima de una restricción a la libertad de expresión mientras ocupa una banca y tiene acceso permanente a todos los medios que quiera. La libertad de expresión no se mide solo por la posibilidad de publicar en Instagram; se mide también por la capacidad de los medios independientes de no convertirse en altavoces obligatorios del poder de turno, sea cual sea.

Luego aparece el episodio del diputado que dijo en cámara no saber si había firmado una renuncia anticipada. El periodista “no se sorprendió, no repreguntó”. El legislador de LLA lo interpreta como normalización de prácticas institucionales graves. Puede tener razón en el fondo. Pero el mismo legislador que exige rigurosidad periodística debería aplicar el mismo estándar a su propia comunicación: ¿cuántas veces los bloques libertarios han minimizado o relativizado prácticas similares cuando les tocaba a ellos? La autocrítica que reivindica para su bloque (“sufrimos una baja y nos dolió, pero fuimos autocríticos”) no aparece con la misma contundencia cuando se trata de señalar las contradicciones propias.

El texto cierra con una invocación a que Misiones está en un “momento bisagra” y necesita una conversación pública a la altura. Nadie razonable puede estar en desacuerdo. El problema es que ese llamado llega envuelto en una crítica selectiva: el periodismo es deficitario cuando no reproduce el argumento oficialista o libertario del momento; es sano y legítimo cuando lo hace. Esa no es una demanda de debate completo. Es una demanda de mejor posicionamiento mediático.

El periodismo que Misiones necesita no es el que se dedica a equilibrar artificialmente cada nota para que ningún legislador se sienta incómodo. Es el que investiga, contrasta, pregunta lo incómodo y sostiene el derecho a decidir qué voces priorizar según el interés público, no según la presión de quienes ocupan cargos. Escuchar las dos campanas no significa que cada nota deba convertirse en una mesa redonda obligatoria. Significa que el periodista tiene la obligación de no mentir, de no ocultar datos relevantes y de no convertir el medio en un instrumento de propaganda.

El legislador nacional tiene todo el derecho a exigir mejor periodismo. Los comunicadores de Misiones tenemos el mismo derecho a exigir que quienes ocupan bancas no confundan “debate elevado” con “más espacio para mi relato”. La diferencia entre una cosa y la otra es, precisamente, lo que separa al periodismo del militante.

 

Fabio A Pereyra / RadioCataratas.Com