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Por Aníbal Blasco
La situación autoinfligida por el gobierno nacional impacta en todas las jurisdicciones argentinas, la diferencia es como se amortigua el impacto con las herramientas disponibles.

El combo tiene de todo: caída de consumo, cierre de empresas, reducción y despido de personal, turnos de trabajo más cortos, endeudamiento récord de familias, mora en pagos de pymes, obra pública nacional extinta, más deuda del estado nacional y de algunos provinciales, salarios por el piso, una inflación todavía alta para una actividad económica muy retraída, quita de subsidios al transporte, el gas y la electricidad, aumento de combustibles. Ese es el país que Milei fue a exponer al Foro Económico Mundial de Davos esta semana.

La enumeración parcial realizada se encuentra en todas las provincias del país, la diferencia es como aminoran los distritos el impacto de la crisis: las herramientas disponibles, la acción anticipatoria, el acompañamiento, la escucha a los distintos actores de la sociedad, la participación in situ.

Ejemplos disímiles sobre como afrontar la situación existen en abundancia: En Chaco, el gobierno del radical Leandro Zdero eliminó el Fondo Estímulo Productivo para trabajadores del área de Producción y el gremio denunció recortes extremos en los ingresos. Varias provincias no pudieron pagar el aguinaldo, otras se endeudaron para hacerlo. En paralelo, los datos de salarios muestran tres meses seguidos de retroceso real en todo el país. Y, como si faltara una señal más, la actividad económica volvió a caer en noviembre: industria, comercio y construcción —sectores intensivos en empleo— empujan hacia abajo. El bolsillo y la economía real siguen sintiendo el ajuste. El crecimiento prometido por el presidente no llega y no muestra señales. Los únicos sectores que permiten que la caída no sea mayor son, según el INDEC, los impuestos -otra promesa incumplida de Milei-, el sistema financiero, minería y transporte -a costa de los usuarios-. Por lejos, son más los perdedores que los ganadores en el modelo pergeñado por Caputo, Sturzenegger y cía.

Se desprende de lo anterior que Misiones no es la excepción ni una isla fuera de la realidad nacional. Aunque posee diferencias con algunas otras provincias. Por ejemplo, asume que la inmovilidad es nociva, no se puede esperar que la situación cambie como quien espera un cambio de clima. El recambio de figuras en distintos niveles de gobierno no fue simplemente un cambio de nombres, los nuevos actores le imprimen mayor energía, presencia y cercanía en el territorio. Se entiende por una cuestión racional: en épocas de incertidumbre, la acción política se mide mayoritariamente por el nivel de respuesta a los problemas inmediatos y para ello es imprescindible la presencia en el lugar de los hechos.

Otro aspecto a destacar es, con todos los matices y siempre pasible de mejora, el de la seguridad: el trabajo conjunto con la policía brasileña para la recuperación de las camionetas robadas en el vecino país debe destacarse ya que Misiones tiene la particularidad de tener una amplia frontera internacional, por lo que no puede quedarse esperando simplemente a que otros solucionen los problemas que aparecen en el territorio compartido. En zona de frontera no hay slogans que alcancen, se valoran los resultados.

A diferencia de lo que sucede a nivel nacional, donde no se redujo ningún impuesto y se acentuó el sistema tributario regresivo imperante en el país, en la provincia se pudo apreciar en los últimos meses una sostenida política de alivio: prórrogas, bonificaciones, regímenes de regularización, descuentos por pago anual, beneficios para profesionales e incentivos a la actividad.

Esta batería de medidas de alivio fiscal no modifica la macro nacional, pero son un claro ejemplo del núcleo argumentativo de esta columna: la actuación de las provincias ante la crisis. Aquí apreciamos el accionar del estado provincial para que el impacto sea menor. En el mismo sentido se inscriben la continuidad de los programas Ahora, columna fundamental para el consumo del ciudadano de a pie y para el mantenimiento de muchos comercios en la provincia, y el Boleto Estatal Estudiantil Gratuito. Ambas iniciativas tienen fuertes costos fiscales, que redundan en inversión social, además de funcionar como una red de contención para evitar la caída de miles de ciudadanos del sistema.

La existencia de esta red de contención, en un marco donde las transferencias nacionales a las provincias fueron el principal factor de ajuste, se produce por una política sostenida de orden fiscal, sin toma de deuda. Este último factor es central dado que nuevamente se alienta desde Nación, al igual que bajo el mandato de Macri, el endeudamiento por parte de las provincias. En su mayoría para gastos corrientes en pesos. Repasemos brevemente como funciona la operatoria, más en este momento de toma de deuda por parte de las jurisdicciones y las empresas privadas -lo que permite, en parte, la calma financiera reinante-, todo dólar que ingresa al país pasa por el MULC -Mercado Único Libre de Cambios- donde los dólares quedan y las provincias/empresas reciben pesos. Dicho de manera coloquial: tenés pesos para gastar, pero la deuda es en dólares.

Una discusión productiva a partir de la forestoindustria

Uno de los temas de la semana fue el intercambio entre el diputado nacional Diego Hartfield y el ingeniero forestal Nicolás Ocampo. Este último le pidió medidas concretas para competir: bajar IVA y Ganancias, aliviar energía y combustibles, frenar importaciones hasta tener reglas parejas, pero no recibió respuestas concretas, solamente una evasiva: “lleva tiempo y debate”. A lo que el profesional le replicó que se hicieron muchas reformas de manera inmediata sin consultar a nadie, pero para poder modificar la estructura tributaria se necesitan años.

Además de la discusión técnica, se encuentra el contenido político del debate: las frases hechas, las respuestas de manual, el repartir culpas ya no tienen el mismo efecto que antes. Pasados más de dos años la paciencia se agota, queda cierta expectativa, pero el marketing político pierde potencia. Como muestra global el mejor ejemplo es la intervención de Milei en Suiza ante un auditorio vacío y con pocas reproducciones en la transmisión en vivo.

Cuando el debate entra en el terreno de lo concreto: costos, impuestos, empleo, salarios, actividad económica, poder adquisitivo, el discurso libertario cruje porque no pueden asumir responsabilidades. Volvemos a Milei en tierras suizas, cuando fue consultado por un periodista de Bloomberg sobre porque todavía existen regulaciones e intervenciones en el mercado cambiario, el presidente replicó con una cita del economista Robert Lucas Jr., nombre que lleva en su honor uno de sus perros. A lo que recibió una ingeniosa repregunta: ¿Robert Lucas Jr. ladra preguntándole por qué no libera el mercado cambiario?

Otro ejemplo práctico del fin del efecto de ciertos paradigmas libertarios es el de la lucha contra la “casta”, ese caballito de batalla viene perdiendo fuerza hace tiempo y esta semana tuvo otro golpe. El caso de designaciones en delegaciones del PAMI Misiones con figuras que fueron en listas de LLA funciona como ejemplo fácil de explicar y difícil de justificar: se critica el Estado, pero se usa el Estado para construir poder. Se promete una cosa y se hace otra. Ese doble estándar erosiona la credibilidad.

El plan no puede ser esperar sin hacer nada

¿Qué recibe Misiones de la Nación además de lo que por ley corresponde? ¿Dónde está el compromiso con una provincia fronteriza, con costos logísticos altos, que compite contra Paraguay y Brasil? ¿Dónde está la agenda productiva para pymes y chacras, más allá de tuits y frases de manual? Cuando lo que se ofrece es solo “esperen”, la sensación de vacío crece.

Por eso, en una etapa donde el país discute ajustes, reformas y desinflación, Misiones enfrenta un desafío doble: seguir sosteniendo orden y cercanía, y al mismo tiempo no dejar que se instale una mirada injusta sobre su realidad fiscal. La presión impositiva nacional —IVA, combustibles, cheque, retenciones, Ganancias y el resto del paquete— pesa más que cualquier simplificación local. Y la economía real lo sabe. La encuesta que difundió el INDEC esta semana lo certifica el factor más importante para aumentar la producción es -y por mucho- la falta de demanda interna. Y eso es responsabilidad pura y exclusiva del gobierno nacional.

La épica, los grandes relatos, las consignas han caído en saco roto a partir de una crisis que no muestra signos de tener un final. Lo que demanda la sociedad es soluciones concretas, tener un norte, poder vivir en paz y llegar a fin de mes. Menos discursos grandilocuentes y más soluciones cotidianas.

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