Por segunda vez en octubre, más de 158 millones de brasileños irán este domingo a las urnas.
Lula votó en el balotaje de Brasil y agradeció el apoyo del pueblo: “Seré eternamente agradecido”
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, votó este domingo por la mañana en San Pablo, en busca de revertir el resultado de la primera vuelta electoral, en la que su rival, Flávio Bolsonaro, se impuso como el candidato más votado.
Tras emitir su sufragio, el mandatario agradeció el respaldo recibido durante la campaña y afirmó: “Voy a votar agradecido al pueblo brasileño. Lo que el pueblo ha hecho conmigo en estos días es muchísimo, no hay forma de pagarlo”.
“Es mucha generosidad, es mucho cariño, es mucho amor. Seré eternamente agradecido por el comportamiento del pueblo”, agregó Lula, quien recordó sus orígenes humildes y destacó que no es habitual que una persona nacida en la pobreza vuelva a disputar la Presidencia.
Flávio Bolsonaro votó y afirmó que llegó “el momento del cambio”
Flávio Bolsonaro votó este domingo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil en la Escuela Municipal Barão Homem de Mello, en Río de Janeiro, donde llegó acompañado de su esposa, Fernanda Bolsonaro.
El senador del Partido Liberal (PL) emitió su sufragio a las 8:22 y afirmó que llegó “el momento del cambio” para el país, según se informó la Agencia Noticias Argentinas.
El dirigente, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, busca consolidar su llegada al Palacio del Planalto en una elección marcada por la disputa con el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva. Flávio, nacido en 1981 y abogado de profesión, construyó su carrera política en Río de Janeiro, donde fue elegido diputado estatal a los 21 años, antes de llegar al Senado en 2018.
Las dos “brasiles” que se enfrentan en las urnas
El gigante de Sudamérica llega a un ballotage entre Flávio Bolsonaro y Lula Da Silva con proyectos irreconciliables y modelos antagónicos. Las claves de una elección histórica.
Brasil está partido al medio. En mitades que parecen irreconciliables. Y el resultado electoral de la primera ronda presidencial lo demostró. Entre los dos candidatos más votados, Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula Da Silva, se quedaron con el 92% de los votos. Los otros 11 postulantes a la Presidencia apenas cosecharon el 7% de las voluntades de los 125 millones de brasileños que concurrieron a las urnas el pasado 4 de octubre.
De esos, 110 millones eligieron a los dos aspirantes que pasaron al ballotage. Pero hubo 33 millones más que se ausentaron, el 21% del padrón. Y ahora, en el segundo turno, esa polarización no deja escapatoria. No hay alternativa. Es blanco o negro.
O, mejor dicho, azul o rojo. Quienes se acerquen a votar sólo podrán elegir entre Bolsonaro o Lula si quieren que su sufragio sea tenido en cuenta. Dos posturas antagónicas. Irreconciliables. Cómo los dos “Brasiles” que se ponen en juego.
En ese panorama, las encuestas vuelven a mostrar un país dividido. Polarizado. Y, como en la primera vuelta electoral, emerge un Brasil que en el Sur y el Oeste se inclina mayoritariamente por la derecha representada por Bolsonaro y un centro y nordeste que apoya a Lula. Se suele simplificar esa ecuación diciendo que el sur rico apoya a la derecha y el norte pobre a la izquierda. Y, como toda simplificación, tiene algo de verdad y algo de exageración.
El candidato del Partido Liberal es apuntalado por personas con estudios completos y el del Partido de los Trabajadores por aquellos con menor formación. Los estratos socioeconómicos medios y altos se inclinan más masivamente por el senador derechista y los sectores medios bajos y bajos, lo hacen con el presidente de centroizquierda que aspira a un cuarto mandato.
Los hombres eligen mucho más a Bolsonaro y las mujeres a Lula. Y, en materia de edades, el postulante del PL gana entre quienes tienen entre 20 y 45 años y el del PT obtiene un mejor caudal entre las personas mayores.
Hay un Brasil evangélico que apoyó al heredero del ex presidente preso por el intento de Golpe de Estado de 2023 y un Brasil católico que se inclinó mayoritariamente por al ex sindicalista metalúrgico que estuvo detenido durante 580 días -después de su segunda Presidencia – en una causa por presunta corrupción que luego fue anulada. Otra muestra de los dos “Brasiles”.
La polarización también se plasma entre personalidades famosas: la mayor parte de los deportistas más conocidos (sobre todo futbolistas) arropó a Bolsonaro, mientras que en el mundo del espectáculo, la cultura y la ciencia, el favorito fue Lula.
Sea cuál sea el resultado, lo cierto es que el próximo presidente tendrá en frente un Parlamento fragmentado, pero mucho más inclinado a la derecha que el actual. Tras la votación de hace tres semanas, el mapa legislativo será más beneficioso para Bolsonaro que para Lula, lo que también significa una proyección de gobernabilidad distinta para uno o para otro.
Y es que en la primera ronda electoral el PL obtuvo 23 bancas más de las que tenía en la Cámara baja (llegó a 121 de un total de 513) y casi duplicó sus escaños en el Senado, quedándose 28 lugares sobre 81. Esos números le otorgan a Flávio Bolsonaro la mayor representación que un solo partido haya obtenido en ambas cámaras en casi 40 años, desde que se promulgó la actual Constitución en 1988. Con todo lo que eso significa. Desde lo simbólico pero especialmente desde lo práctico.
Las principales víctimas de ese “arrebato” de bancas fueron los partidos de centro ya que el PT de Lula logró conservar prácticamente el mismo número de escaños: mantuvo sus nueve escaños en el Senado y su alianza tripartida en la de diputados extendió su presencia de 82 a 88 bancas.
Aun así, sabida es la “ductilidad” que tiene el denominado “Centrao”, ese conglomerado de partidos de centroderecha que suele “acomodarse” a los climas de épocas y las necesidades del poder (en especial de quién lo ejerza en el Planalto), algunas veces a cambio de sospechosos beneficios.
En ese punto, muchos analistas coincidían que, en el caso de un triunfo bolsonarista, no pasaría mucho tiempo en que se afiance una alianza de derecha y centroderecha que logre no sólo una mayoría simple en ambas Cámaras, sino que incluso puedan alcanzar una “supermayoría” capaz de impulsar hasta una reforma constitucional, en cambio, Lula debería enfrentarse a un escenario mucho más adverso en el particular ecosistema legislativo brasileño surgido del 4 de octubre.
Ese giro a la derecha y el conservadurismo del Poder Legislativo también representará un cambio de época importante en la agenda y hasta en los paradigmas que gobernaron hasta ahora, por ejemplo, es probable que ante semejante escenario se avance en un cambio muy grande en el Supremo Tribunal Federal, órgano que estuvo sumergido en múltiples polémicas y por lo que incluso quieren limitar su amplísimo poder.
Y en ese punto hay un objetivo principal del bolsonarismo: la destitución de Alexandre De Moraes, el juez al que responsabilizan por el encarcelamiento de Jair Bolsonaro, el próximo gobierno podrá nombrar tres nuevos jueces en el STF.
Pero también lo más probable es que el nuevo Parlamento busque modificaciones sustanciales que romperán con la impronta impuesta por Lula y el PT e impulse cambios de 180 grados en materia económica, social, de derechos humanos y ambientales, algunos de ellos tendrán un impacto muy fuerte en un nuevo Brasil conservador que dejará atrás el otro Brasil más progresista y no faltarán sus consecuencias a nivel regional y hasta mundial.
Pero, sin dudas, lo que sí o sí entró en juego es la agenda de la seguridad, principal preocupación de los brasileños en distintas encuestas y una de las razones centrales de la exitosa performance electoral de Bolsonaro.
El tema de la criminalidad entró tan fuerte en el electorado que el propio Lula no descartó bajar la edad de imputabilidad de los menores de 18 a 16 años para delitos graves, algo nodal en la prédica de la derecha. Es más, en el caso de los bolsonaristas y sus aliados plantean reformas penales como la castración química de los violadores y pedófilos condenados.
Otra cosa que prendió fuerte entre los ciudadanos fue la idea de Flávio Bolsonaro de replicar un modelo carcelario como el aplicado por Nayib Bukele en El Salvador. Lo que parece de muy difícil concreción en Brasil donde el Primer Comando Capital (en especial en San Pablo) y el Comando Vermelho (con más fuerza en Río de Janeiro), dominan las prisiones desde hace décadas.
Muchos expertos señalan también que es engañoso querer plantear semejante escenario en un país donde sólo se esclarecen el 36% de los homicidios. Pero, aun con esas reservas, el tema de la seguridad pública fue determinante en esta elección, pese a que la tasa de homicidios es la más baja en años: 19 cada 100.000 habitantes.
Otro de los temas en los que coincide Bolsonaro y gran parte de los legisladores que fueron electos (incluso los que no son de su partido) es la idea de un fuerte recorte del gasto público. Y por eso se metió en el debate entre Lula y Bolsonaro la motosierra de Javier Milei, algo que el actual presidente de Brasil asegura que su contendiente quiere aplicar. Y en eso se centra gran parte de las alertas que el PT viene utilizando en la campaña: los potenciales recortes en materia social que llegarían de la mano del actual senador si accede al Palacio del Planalto.
En el Brasil que propone Bolsonaro se sostiene que es necesario bajar los impuestos a las grandes empresas, mientras que en el de Lula se plantean una serie de cambios tributarios, incluyendo mayores gravámenes a las transacciones financieras.
Los dos “Brasiles” se notan también en los posicionamientos con respecto al medioambiente y la preservación de la Amazonia, El modelo bolsonarista propende un mayor explotación y avance de los permisos ambientales, con una mirada más económica del asunto, algo que podría generar situaciones de tensión muy graves con los pueblos originarios que los habitan, algo que choca con la posición lulista.
Pero lo cierto es que el PL no está sólo en esa idea: se calcula que el 80% de los senadores y el 70% de los diputados rechazan las agendas que plantean la preservación del medioambiente y las políticas para frenar el cambio climático. Otra vez, dos caras enfrentadas de Brasil.
Un relevamiento realizado por el Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (DIAP), señaló que en la representación en la Cámara Baja, la derecha elevaría de 248 a 260 su número de bancas, y con eso, Bolsonaro tendría un camino legislativo mucho más allanado que Lula. Nunca en la historia ese cuerpo tuvo una presencia conservadora tan contundente.
Y si bien ya el Parlamento le había rechazado varias iniciativas a Lula (como una candidatura a la Corte Suprema y el revocamiento de varios vetos), hoy el panorama se muestra aún más adverso para el referente del Partido de los Trabajadores. En este escenario donde aparecen dos “Brasiles”. Antagónicos. Irreconciliables. Dos “Brasiles” que muestran un país partido al medio.
Agencia NA








