El PBI cayó 0,6% en el segundo trimestre y el EMAE de julio se desplomó 2,9%, la mayor baja mensual desde la pandemia. El consumo y la industria retroceden, mientras el discurso oficial insiste en una expansión ininterrumpida.
La economía argentina se contrajo en el segundo trimestre y volvió a caer con fuerza en julio. Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) muestran un cambio de ritmo que deja al país al borde de una recesión técnica: dos trimestres consecutivos de caída del Producto Bruto Interno.
El 17 de septiembre el organismo informó que el PBI retrocedió 0,6% en términos desestacionalizados entre abril y junio, respecto del primer trimestre. El consumo privado bajó 2,4%, el consumo público 2,3% y la inversión (formación bruta de capital fijo) 0,8%. Solo las exportaciones sostuvieron el trimestre, con un alza de 2,5%. En la comparación interanual el PBI todavía creció 2%, impulsado por pesca, minería y agro. Esa foto de 12 meses, sin embargo, no describe lo que está ocurriendo ahora.
Esta semana se sumó el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de julio: –2,9% desestacionalizado frente a junio y –1,4% interanual. Es la mayor caída mensual desde abril de 2020, en plena parálisis por la pandemia. El acumulado de los primeros siete meses del año quedó en +1,7%, por debajo del 2,2% que se registraba hasta junio.
Qué mide cada serie (y por qué importa)
El PBI es el indicador más amplio: resume consumo, gasto público, inversión y comercio exterior. Una baja del 0,6% significa, sin eufemismos, que entre abril y junio se produjeron menos bienes y se prestaron menos servicios que en el trimestre anterior.
El EMAE anticipa ese resultado mes a mes. En el análisis de coyuntura la serie que cuenta es la desestacionalizada: compara cada mes con el anterior sin el efecto de las estaciones. La variación interanual puede dar positivo por “efecto base” aunque la economía ya esté cayendo en el margen. La tendencia-ciclo, en tanto, suaviza la serie y llega tarde: puede seguir en verde varios meses después de que la actividad real se haya dado vuelta.
Por eso el dato de julio pesa. No es un mes aislado. En 2026 la serie desestacionalizada del EMAE ya había caído en febrero (–2,2%), abril (–1,4%) y mayo (–0,6%). Junio apenas recuperó 0,3% y julio se llevó puesto ese rebote.
Dos economías en un mismo número
El promedio nacional esconde una brecha sectorial. Pesca, minería y, en menor medida, el agro siguen traccionando. En julio la pesca saltó 424,5% interanual (un dato extremo, ligado a la comparación con un mes muy flojo) y la explotación de minas y canteras subió 8,4%.
Del otro lado, los sectores intensivos en empleo y anclados al mercado interno se deterioran. Comercio mayorista, minorista y reparaciones cayó 5,1% interanual; la industria manufacturera, 4,6%. Entre ambos le restaron 1,3 puntos al EMAE. También retrocedieron la construcción y la intermediación financiera, un síntoma de menos transacciones y menos crédito.
Esa dualidad —enclaves exportadores arriba, industria, comercio y consumo abajo— explica por qué el relato de “crecimiento continuo” convive con números que ya no lo sostienen. El segundo trimestre ya fue negativo. Julio, primer mes del tercero, empezó peor. Para no encadenar dos trimestres en rojo, agosto y septiembre tendrían que compensar una caída fuerte. Los indicadores adelantados no habilitan, por ahora, ese optimismo.
Diagnosticar expansión donde hay contracción no es un detalle técnico. Condiciona las decisiones del Estado y del sector privado. Si el consumo privado ya muestra grietas y la industria profundiza su baja, leer el arrastre estadístico del año pasado como si fuera el presente es el camino más corto para transformar un bache en una recesión más profunda.
Los números oficiales están sobre la mesa. El PBI del segundo trimestre se achicó. El EMAE de julio se derrumbó. La economía no está creciendo en el margen. Está, otra vez, a un paso de la recesión.
Información con Ámbito






