En el marco del Jueves Santo y ante miles de fieles reunidos en el Conjunto Jesuítico-Guaraní de San Ignacio Miní, el obispo de la diócesis de Posadas, Juan Rubén Martínez, presidió la tradicional Misa Popular de las Misiones, que marca el cierre de la Cuaresma y el inicio del Triduo Pascual.
La celebración, acompañada de música y elementos culturales misioneros, tuvo como eje central el llamado a la servidumbre, el amor concreto y la solidaridad en un mundo marcado por la violencia y la pobreza.
Durante su homilía, el obispo reflexionó sobre el Evangelio del lavatorio de los pies, destacando cómo Jesús invierte la lógica del poder: “Siempre le lavaban los pies al maestro, lo hacían los esclavos, y Jesucristo el Señor lo que hace, bueno, le lava los pies a sus discípulos”.
“Son estas enseñanzas que podemos decir que lindo lo que pasa, que bueno lo que hizo. Pero sin embargo, estas enseñanzas son para que nosotros nos cuestionemos, nos preguntemos hasta qué punto las internalizamos en nuestra vida. Amar, servir”, expresó Martínez.
El prelado recordó los gestos cotidianos de amor en la familia —“pequeñas cosas en una familia, en el cariño que se expresa en un papá, en una mamá que se esfuerzan para que su hijo pueda estudiar”— y señaló que el verdadero amor se manifiesta en el servicio: “Está el gesto del amor siempre del que sirve”.
Sin embargo, advirtió que estas enseñanzas no son fáciles de vivir. “No es fácil decir esto. Esto está obviamente en tantísima gente y en el corazón humano. Pero lamentablemente nuestro mundo… no se está caracterizando, creo que nunca se caracterizó, pero en estos momentos especialmente tenemos situaciones muy complejas en el mundo”, dijo.
Martínez mencionó las guerras que amenazan la existencia humana, la violencia y las situaciones de pobreza y necesidad que “siempre, siempre serán fruto de la avaricia”. En ese contexto, recordó el saludo inicial del papa León: “La paz esté con ustedes”.
“Podemos señalar tantas situaciones de dolor, de violencia, tantas situaciones que tenemos en nuestros contextos de pobreza y de necesidad”, señaló.
Por eso, planteó un interrogante directo a los cristianos: “¿Cómo vivimos esto de la caridad? No podemos entendernos como cristianos si no valorizamos la solidaridad, el amor y la justicia”.
El obispo enfatizó que celebrar el amor no es algo meramente afectivo: “Tiene que transformarse en un estilo de vida. El estilo de vida, el que seamos honestos, justos, solidarios. Falta, lamentablemente falta y falta mucho”.
En referencia a la realidad argentina, Martínez habló con franqueza: “En nuestra patria tenemos muchas situaciones que podemos decir de padecimiento y de pobreza creciente. Lamentablemente es así. Con un individualismo en donde terminamos muchos por ahí queriendo manifestar y bueno, miramos para otro lado, que cada uno se las arregle como pueda”.
“Obviamente en un mundo así es difícil anunciar la Eucaristía, la caridad, el amor. Celebramos la Pascua. Empezamos el triduo”, añadió.
Como propuesta concreta para el examen de conciencia en este tiempo pascual, invitó a los presentes a preguntarse: “A qué cosas podemos morir, a qué egoísmos, a qué situaciones de indiferencia podemos morir, para que podamos vivir y poder ser testigos del amor”.
“Jesucristo muere para vivir. Celebramos la Pascua y decimos, el que murió resucitó. Y esto nos hace tener esperanza. Tenemos esperanza, porque la vida triunfa sobre la muerte siempre. Por eso tenemos esperanza. Por eso decimos, tendremos que ser hombres y mujeres más pascuales, testigos del amor y con esperanza”, concluyó el obispo Juan Rubén Martínez.
La Misa Popular de las Misiones, que reúne cada año a miles de personas en uno de los patrimonios jesuíticos más emblemáticos de la provincia, combina fe, tradición guaraní y expresiones artísticas locales, reforzando el mensaje de una Pascua vivida no solo como recuerdo, sino como compromiso concreto de servicio y solidaridad en la sociedad actual.




