El 15 de octubre no es un día para romantizar la independencia. Es el Día Mundial del Bastón Blanco y es, ante todo, un día de denuncia. Porque si ese bastón pudiera hablar, no contaría una historia de libertad fácil. Contaría una de supervivencia.
Hablaría de lo que significa salir cada día a una ciudad que no fue pensada para las personas ciegas. De veredas rotas, de obras sin señalizar, de motos sobre la vereda, de autos estacionados en la rampa, de carteles a la altura de la cara, de pozos que son trampas mortales. Hablaría de que cada golpe que el bastón amortigua es un golpe que no llega al cuerpo. Y de que esa libertad que tanto se celebra no fue regalada: se conquistó a fuerza de golpes, de miedo y de aprendizaje doloroso.
Nos han enseñado a ver el bastón blanco como símbolo de independencia. Y sí, lo es. Pero es una independencia que se paga cara. En Paraguay, la persona ciega sigue siendo obligada a mendigar accesibilidad. No hay educación inclusiva real sin materiales accesibles, sin docentes formados y sin tecnología. No hay inclusión laboral posible si el transporte no es accesible y la calle sigue siendo una carrera de obstáculos.
El bastón no pide compasión. Exige derechos.
Exige que el Estado cumpla la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Exige veredas dignas, transporte accesible, semáforos sonoros que funcionen y ciudades planificadas con diseño universal. Exige que se entienda de una vez que la discapacidad visual no es falta de capacidad: es falta de oportunidades y de accesibilidad.
Desde la Asociación de Vida Independiente Tekosaso lo decimos con claridad: no queremos ser objeto de caridad. Queremos ser sujetos de derechos. Queremos vivir de forma independiente, con asistentes personales formados bajo la filosofía de Vida Independiente, no con cuidadores que decidan por nosotros. Queremos decidir dónde, cómo y con quién vivir.
Si el bastón blanco hablara hoy, diría: “No me aplaudan, arreglen la vereda”. Diría: “No me saquen fotos para la campaña, garanticen mis derechos”.
Por cada persona con discapacidad visual que hoy sale con miedo, pero sale igual. Por las que no salen porque la ciudad las expulsó. Por las niñas y niños ciegos que merecen una escuela que los incluya de verdad.
Que viva el bastón blanco. Pero que viva en una ciudad justa.
Lic. Selva Riquelme
Asociación de Vida Independiente Tekosaso





