El equipo de Alfaro se pareció mucho más al de las Eliminatorias, defendió con diez el triunfo y se ilusiona con seguir en la Copa del Mundo.
Lo rescatable del triunfo de Paraguay, del histórico triunfo de Paraguay, aferrado a la épica frente a Turquía, tiene que ver con volver a sentirse fuerte defensivamente, a saber sufrir, a aceptar los embates de Turquía sobre todo a partir de la roja a Miguel Almirón -una expulsión insólita de un futbolista irresponsable que pareciera no conocer las nuevas normativas.
Paraguay se aferró al triunfo a partir de una muy destacada tarea defensivamente. Por supuesto, para tomar esa decisión, en el comienzo del partido hubo un golazo de Galarza Fonda, un futbolista que el Mundo River no pudo advertir, desde su contratación, como alguien que le podía dar este salto de calidad, virtudes que está mostrando a la selección paraguaya.
Es un mérito de Alfaro haber reivindicado a Galarza Fonda, que no solo anotó golazo sino que también se mostró como un futbolista dinámico, ágil y que le dio a Paraguay, junto a Julio Enciso, los rasgos de lucidez que precisaba este equipo de Alfaro. El delantero fue la gran figura de la noche, un jugador encarador, resoluto, que tenía y disponía de los contraataques.
Más allá de posturas o preferencias tácticas, la expulsión de Almirón condicionó a Paraguay. No puede, en un torneo tan importante, desconcocerse la modificación reglamentaria por la cual un futbolista no puede taparse la boca porque induce -desde aquel episodio de Prestianni y Vinicius- a pensar que se está ofendiendo a un adversario, que está discriminándolo o hasta está dejando algún mensaje de odio que la FIFA repudia y condena con la expulsión. Por eso al árbitro salvadoreño lo llamaron desde el VAR y la expulsión es irreprochable, más allá de que el futbolista turco le haya tendido una trampa a Almirón, que zafó por el resultado final de lo que hubiese sido un desenlace de cancelación para él en la selección paraguaya.
Pero Paraguay ganó pese a su ausencia y, de una noche a puro nervio frente a Estados Unidos, pasó a esta noche de reivindicación en la que el equipo se pareció mucho más al Paraguay de Alfaro que se vio en las Eliminatorias, el camino a la Copa del Mundo. Un equipo basado en su fortaleza defensiva, que había defendido mal frente a Estados Unidos y que esta vez mostró mucha agresividad, mucha tenacidad y mucha nobleza.
El jugador paraguayo es todo corazón y apeló precisamente a ese corazón. Paraguay ofreció su corazón para depender de sí mismo. Si le gana a Australia, estará en la próxima instancia del Mundial, mientras que si empata en la tercera fecha dependerá de otros resultados para ver si ingresa como mejor tercero.
Por lo pronto, este Paraguay de anoche, frente a Turquía, fue muy similar al que llegó al Mundial generando ilusiones y pareció olvidarse del debut fatal frente a los Estados Unidos.
TyC SPORT





