El sistema previsional argentino enfrenta un desequilibrio estructural al registrar apenas dos empleados formales por cada jubilado, una proporción por debajo del mínimo necesario para sostenerlo, en un contexto marcado por la precarización laboral y la creciente dependencia del financiamiento estatal.
Actualmente, la relación entre activos y pasivos se ubica en un nivel crítico, ya que el sistema requiere al menos tres aportantes por jubilado para alcanzar el equilibrio financiero. Esta situación refleja el impacto de un mercado laboral cada vez más fragmentado.
La situación por sector
La situación se agrava por el desempeño desigual de los sectores económicos. La industria y la construcción muestran retrocesos en el empleo formal, en contraste con el crecimiento de rubros con menor demanda laboral como el agro y la minería.
Ante la falta de recursos genuinos, el Estado financia el 40% de las 6.000.000 de jubilaciones vigentes, cubriendo el déficit mediante impuestos y transferencias directas del Tesoro Nacional.
Este desajuste estructural impacta de lleno en el poder adquisitivo de los jubilados. La brecha entre ingresos y egresos se intenta cerrar a través de la inflación y una reducción sostenida de los haberes en términos reales, profundizando el deterioro del sistema.
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