Av. Calandrias y Golondrinas - B° IPRODHA

Puerto Iguazú, Misiones, Argentina

Online

En tu PC o tu celu

Queremos flan!

Facebook
Twitter
WhatsApp
(*) Por Nicolás Marchiori

Allá por el año 2018, el actor Alfredo Casero realizó un recordado sketch en el programa Animales Sueltos en donde escenificó una situación en donde los hijos exigían al padre flan de postre aún cuando su casa había sido destruída por un incendio. Entre gritos y gesticulaciones exageradas, el actor simbolizó la falta de conexión entre las demandas y la realidad económica del momento.

“El flan es la parábola de aquel que pide lo que no hay, en el momento donde no hay y cuando (satisfacer ese pedido) es lo justo para que todo se vaya al carajo”, explicó en aquel momento Casero, y fue más allá: “queremos flan es Baradel. El gobierno dice ‘no tenemos el 21 de aumento, tenemos el 18’. ‘¡Ehh, queremos flan!’. ¿De dónde lo sacás? No hay plata, está todo quemado. ‘Bueno, le voy a pedir prestado a esta señora’. Así dejamos que el tiempo pase y nos vamos agujereando”.

Días atrás, el periodista Fernando Ortega Zabala escribió una interesante nota de opinión en donde se referió a la actualidad política en Misiones. Allí sostuvo que “en tiempos en el que el Cantón libra una batalla diaria por su supervivencia económica, la dirigencia política parece, por momentos, más ocupada en el espectáculo de las redes sociales que en la defensa estratégica del territorio”. Muy acertada tal apreciación, la compartimos.

Seguidamente analizó la postura del cabecilla del levantamiento policial de mayo de 2024 que puso en vilo al pueblo misionero, alterando la paz social y generando momentos de mucha zozobra en una sociedad acostumbrada a la tranquilidad: “su propuesta de derogar el cobro anticipado de Ingresos Brutos en los puestos de El Arco y Centinela suena, para el oído desprevenido, como una oda a la libertad de comercio y un alivio al bolsillo. Pero en la política real, los gestos no se miden por sus intenciones, sino por sus consecuencias. Y la consecuencia de la iniciativa es, lisa y llanamente, el desfinanciamiento de Misiones en su hora más crítica. Amarilla sigue disparando contra su propio cuartel.” Y continúa, “desarmar el sistema de la Agencia Tributaria de Misiones (ATM) hoy no es ‘liberar el comercio’; es dejar a la provincia sin el escudo necesario para pagar salarios docentes, mantener hospitales y sostener programas de consumo como el ‘Ahora Misiones’. Amarilla apela a la Constitución Nacional para hablar de aduanas internas, pero olvida que esa misma Constitución exige un reparto equitativo de la riqueza nacional que hoy se incumple sistemáticamente contra Misiones. Jugar a la “revolución fiscal” mientras la Nación nos mete la mano en el bolsillo es, en el mejor de los casos, una ingenuidad política; en el peor, una traición a la autonomía provincial”. Excelente el análisis Ortega Zabala sobre el bochornoso proyecto de ley del diputado Ramón Amarilla que plantea declarar la inconstitucionalidad de otra ley, arrogándose funciones del Poder Judicial y pisoteando la división de Poderes del Estado. El ex-policía, se argumenta erróneamente que su proyecto apela sentido común. Su planteo pierde toda lógica y sensatez desde el momento en que ignora la misma Constitución pretende usar como principal argumento para su disparatada propuesta legislativa. La aplicación de los principios constitucionales se encuentran fuera de cualquier tipo de sesgo.

Ahora bien, nos gustaría preguntarle a Ramón Amarilla ¿cómo pretende cubrir las demandas sociales, aumentos salariales por caso, cuando su proyecto implica un manifiesto desfinanciamiento del Estado? La parábola del flan, está más vigente que nunca. Con una crisis económica que no muestra, al menos en el corto plazo, signos de mejoría, Amarilla busca reventar la fuente de financiamiento del Estado, algo que traducido a la economía doméstica sería como dejarle sin ingresos al jefe de hogar. “Quiero flan!”

El rol de la política en las sociedades es claro, apunta a la búsqueda y generación de espacios de encuentro, de compromiso. En momentos tan sensibles como el que está viviendo el país no hay lugar para los planteamientos binarios, los discursos polarizantes y las visiones maniqueas que han degradado a la política a tan bajos niveles de calidad y con pésimos resultados a la vista. Observamos cotidianamente como gran parte de los políticos piensan mucho en cómo hacerse del poder y muy poco en qué hacer con él cuando gobiernan.

El brillante filósofo Baruch Spinoza, en su “Tratado Político”, sostiene que “para que un Estado pueda mantenerse, sus asuntos públicos deben estar organizados de tal modo que quienes los administran, tanto si se guían por la razón como por la pasión, no puedan sentirse inducidos a ser desleales o actuar de mala fe”.

La primera responsabilidad que tienen los dirigentes de todas las latitudes es proveer de certidumbre a la sociedad. Poner en práctica la buena política permite forjar acuerdos con todos los sectores de la sociedad y generar la sinergia necesaria para dinamizar transformaciones con una perspectiva estratégica y de futuro. También permite la conformación de sociedades más abiertas, pluralistas y tolerantes.

En un mundo invadido por el hartazgo, el desencanto y la desesperanza, sólo la buena política nos salvará.

*       *      *

Hablemos de plata: la administración del Estado en tiempos de crisis

El presupuesto provincial 2026 refleja las exigencias actuales del pueblo misionero, las cuales se pueden resumir en la necesidad imperiosa de un Estado más eficiente que les haga la vida más simple y que no los abandone. La señal es clara: más de 4 billones de pesos, de los cuales casi un 70% serán destinados a la inversión social (salud, educación y contención social), acompañado de obras de infraestructura estratégicas para potenciar el desarrollo de los pueblos. La hoja de ruta marcada por el presupuesto 2026 no es algo menor: en un escenario nacional marcado por el derrumbe de la coparticipación la decisión política de priorizar al pueblo por encima de los números fríos adquiere un valor aún mayor.

El contexto es por demás complejo, la Nación se lleva demasiado y aporta menos de los que le debe a Misiones: en números concretos, la Provincia recauda $500 mil millones en impuestos coparticipables por mes y el poder central le devuelve sólo $150 mil millones.

Misiones es una provincia castigada por el tratamiento del poder central, por lo que no se permite la generación de riqueza ni la mejor actuación en el sector público. El ejemplo más claro es la destrucción de las economías regionales, en donde vemos a diario el deterioro de los productores yerbateros, tealeros y el derrumbe fenomenal de industria forestal.

Esto se da porque hay un unitarismo fiscal en el que cada vez se reparten menos fondos a las provincias y municipios, que en la Argentina van a un escenario de crisis acelerado.

Misiones tiene las cuentas saneada, pero pueden ser escasas ante el nuevo escenario en el que hay que pivotar dos cuestiones: el panorama poco claro de la reforma tributaria y la ayuda a las Pymes por la inexistencia de acceso al crédito por parte de los bancos.

Dicho esto, centremosnos en el análisis de la administración del Estado provincial. El consultor Alejandro Pegoraro sostiene que la evaluación del gasto público provincial constituye una herramienta clave para comprender el alcance y la calidad de la intervención del Estado en las distintas áreas de enfoque.

El análisis del gasto según finalidad y función permite desagregar y clasificar las erogaciones de las administraciones provinciales en base a los objetivos perseguidos y las áreas específicas de acción, como educación, salud, seguridad, desarrollo económico, entre otras. Esta clasificación no solo facilita una visión más precisa de las prioridades de política pública y la priorización, sino que también permite identificar posibles desbalances, cambios en la asignación de recursos y tendencias estructurales en el uso del presupuesto. En un contexto de crisis económica, restricciones fiscales y creciente demanda social, analizar esto es clave para entender de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos.

Como es costumbre, la inversión social concentra la mayor porción de las erogaciones misioneras:  el presupuesto 2026 destinará el 69,17% de las erogaciones a inversión social, con foco en educación, salud pública y contención social.

Para entender la importancia de estos datos: Misiones destina por día 2 mil millones de pesos para sostener el sistema de salud pública, más de 20 mil millones por mes sólo para pago de salarios docentes y 600 millones por día para garantizar el Boleto Educativo Misionero, sólo por citar algunos números.

La función de la salud representa uno de los pilares más sensibles y estratégicos del modelo misionerista: se trata de una expresión concreta del compromiso del Estado con el bienestar y la dignidad de los misioneros. Destinar una proporción significativa de las erogaciones a esta función da cuenta de las prioridades, en un contexto donde la inversión en salud no solo mejora los indicadores sanitarios sino que también tiende a fortalecer el tejido social.

Con un Estado nacional que desfinanció gran parte de los programas sanitarios a los provincias, una exagerada suba en los servicios de prepagas y un recorte en el poder adquisitivo de los hogares en términos generales, la inversión en salud cobra notoria relevancia.

La promoción y la asistencia social también ocupa un lugar central en la agenda del modelo misionerista, este año se destinaran alrededor de $800 mil millones de pesos al desarrollo social y $400 mil millones para desarrollo económico, que consiste en la distribución de recursos entre los municipios. Estos números adquieren especial relevancia sobretodo en contextos de crisis económica y de problemáticas laborales crecientes, al tiempo que expresa, en términos concretos, el grado de presencia y alcance del Estado en situaciones de mayor vulnerabilidad social.

La promoción social implica políticas activas que buscan no solo mitigar el impacto de la pobreza, sino también generar condiciones para la inclusión social.

En un escenario nacional caracterizado por una crisis económica que parece no tener freno, el ajuste fiscal, caída de la recaudación y el retiro del Estado nacional de los programas de desarrollo provincial, Misiones tomó la decisión de fortalecer las inversiones en salud, educación y promoción social, un dato que adquiere gran relevancia no sólo desde el punto de vista presupuestario, sino también en términos políticos y sociales.

Misiones tal vez no podrá darle flan a quienes lo reclaman, pero sí puede garantizar que en cada hogar misionero esté el pan de cada día.

(*) Abogado. Diplomado en Manejo de Crisis y en Análisis de Procesos Electorales. Especializado en Comunicación de Gobierno y Electoral. Becario de la Fundación Konrad Adenauer (Alemania) y del Centro de Análisis y Entrenamiento Político (Colombia).