El gobierno federal se encuentra en estado de máxima alerta ante los precios del petróleo que superan los 100 dólares por barril, y los efectos de la crisis militar en Oriente Medio ya se sienten en Brasil. El presidente Lula da Silva está preocupado por el riesgo de una huelga de camioneros en las carreteras y por el aumento de la inflación.
El precio del litro de diésel, que hasta hace unos días en São Paulo no superaba los R$ 6,10 —el promedio nacional—, ya se vendía ayer en las gasolineras del centro-oeste del país a R$ 9,50.
Muy descontentos, los sindicatos de conductores se comunicaron radio con sus empleadores, y el gobierno se apresura a implementar una política de emergencia para frenar el aumento de precios.
Lo cierto es que Brasil depende del transporte por carretera, y en las últimas semanas se han contratado millones de envíos de mercancías con precios basados en el precio del combustible por debajo de los R$7 por litro. Las pérdidas ya las están sintiendo los camioneros independientes y las empresas, y a la larga afectarán al consumidor brasileño promedio.
Diario de Foz




