Villa Gesell tiene dos caras, y ambas son muy distintas entre sí.
Una es la más conocida, la que se encuentra a lo largo de la avenida, con su ruido y su murmullo de fondo, siempre lista para abalanzarse en cuanto hay gente cerca. Y luego está la otra,la de las dunas de arena, el viento y esos paseos en los que no pasa nada, salvo lo que te sucede a vos mientras caminás.
En primer lugar, debés entender que caminar por las dunas no es exactamente «ir a la playa». Tu cuerpo no reaccionará de la misma manera y el viento cambiará tus rasgos de un momento a otro. Por eso es mejor salir con pocas cosas, pero bien elegidas: agua, algo ligero para ponerse a pesar del buen tiempo, protector solar y calzado que no te moleste si se llena de arena.
Puede parecer un detalle sin importancia, pero creéme, no lo es. Caminar incómodo te arruinará el día en un santiamén.
Por supuesto, para quienes vienen de lejos y solo quieren disfrutar de paseos y puestas de sol, el transporte también se plantea de otra manera.
Mucha gente toma el micro porque así se puede llegar, moverse a pie y no preocuparse por nada más.
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La clave es viajar ligero y no llevar demasiado equipaje.Las puestas de sol son un clásico en Villa Gesell por una razón obvia: el cielo se abre y el viento suele amainar un poco. Hay días en los que el sol se pone limpiamente y otros en los que se esconde detrás de nubes bajas y te deja con una extraña luz plateada.
No hay que idealizarlo demasiado, pero tampoco se puede negar: estar allí, con el mar de fondo y las dunas a tu alrededor, te aclara la mente. Aunque solo sea por media hora.
Para pasear, lo mejor es elegir una ruta que no te deje aislado si no conocés la zona.
Hay lugares en los que las dunas se cierran más y es fácil perderse, sobre todo si se busca un lugar sin gente.
Una buena regla general es sencilla: no te alejes de más y tené siempre un punto de referencia claro (una pendiente, un bosque, un punto de acceso). En la costa, el paisaje cambia con la luz y el viento, y esto puede resultar confuso.
Una estrategia que suele funcionar es dar un paseo corto por la tarde y hacer una
larga pausa contemplando el mar, y regresar cuando se pone el sol. Es un momento
del día en el que Gesell parece menos ajetreado. Si querés tener un final más urbano,hay cafeterías y bares donde podés refugiarte del viento sin que sea una salida
nocturna.
Lo interesante es que esta versión de Gesell no requiere un horario, ni la necesidad de
estar allí en el momento adecuado de la semana. Es más bien un lugar que cobra vida si le das espacio. Y si resulta ser un día nublado, tampoco pasa nada, porque las
dunas se ven bien incluso entonces, como si salieran de una película antigua. No
prometen felicidad, digamos. Pero te hacen compañía.





