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El duende que vuelve: Iguazú celebró el natalicio de Ramón Ayala

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Este 10 de marzo habría cumplido 99 años el músico, poeta y pintor misionero Ramón Ayala. Y en Puerto Iguazú, su tierra grande de resonancias litoraleñas, el homenaje tomó la forma de una jornada extensa y viva que volvió a poner en escena el universo cultural que el “Mensú” supo sembrar en la identidad del Litoral.

En clave de 12/8, desde temprano comenzó a sentirse el duende misionero que, con su inagotable acervo, fue llenando cada uno de los espacios convocados para recordarlo. El formato elegido por la Secretaría de Estado de Cultura de la Provincia fue llegar hasta el punto más al norte de la provincia, con una delegación de artistas y referentes culturales, para enarbolar la memoria de quien supo llevar el aire de Misiones a escenarios del mundo. Y así… comenzar a transitar el año del centenario del nacimiento de Ramón Ayala.

La jornada comenzó en el patio central de la Escuela Normal Superior N° 8 de Puerto Iguazú, que no tardó en colmarse de alumnos. El bullicio habitual del recreo fue cediendo lentamente ante los primeros acordes de “El jangadero”. Como si la música hubiese suspendido por un instante el ritmo cotidiano de la escuela, el murmullo juvenil se transformó en escucha. Entre los chicos, amalgamada en la gente, escuchaba en silencio María Teresa Cuenca, la entrañable Teresa del poeta, acompañada por el secretario de Cultura de Misiones, Joselo Schuap, y el subsecretario de Relaciones Públicas, Ernesto Lozina.  La directora de la institución, Cristina Maciel, abrió la jornada con los saludos protocolares y una breve reseña sobre el motivo de la convocatoria: celebrar el natalicio de uno de los creadores más profundos de la cultura misionera.

Gracias a esa bondad de la tecnología, capaz de inmortalizar momentos irrepetibles, fue el propio Ramón quien volvió a hablarles a los estudiantes. En una proyección audiovisual, el artista relató las maravillas de la selva misionera, musa inspiradora de su eterno gualambao. “Esta creación viene de la profundidad de esta tierra”, decía su voz, resonando otra vez en un patio de escuela. Luego llegaron las interpretaciones en vivo. Roberto Caminos, en voz y guitarra, junto a Nicolás Encina en acordeón, guiaron a un multitudinario coro de más de 400 estudiantes en el “Canto al Río Uruguay”. Enseguida fue el turno de César “Cacho” Bernal, doctor honoris causa, quien tomó la percusión para evocar la incontable cantidad de escenarios compartidos con el Mensú. A ese entramado musical se sumó la danza de Mónica Revinski, cuyo movimiento siguió el pulso que el propio Ayala había imaginado para el gualambao, cerrando así un círculo virtuoso entre música, palabra y danza. También se dejaron códigos QR, a través de los cuales se puede acceder a la música y la poesía de Ramón.

En el cierre del acto, Schuap volvió sobre la figura de Ramón y, junto a Teresa, compartió algunas anécdotas con los estudiantes. Como gesto simbólico, dejaron en la escuela un ejemplar de uno de los libros escritos por Ayala sobre la Guerra de la Triple Alianza y un plantín de lapacho que será cuidado por los alumnos.
Cuando ese árbol crezca -como crecen las memorias que se siembran a tiempo- recordará que en ese patio, entre guitarras, acordeones y más de cuatrocientas voces jóvenes, el gualambao volvió a nacer. Porque a Ramón Ayala, a veces, no se lo recuerda: se lo vuelve a escuchar.

La escena se trasladó luego al anfiteatro “Ramón Ayala”, que está ubicado en la zona costanera, a orillas del río Iguazú. Es el punto estratégico, conocido como el hito de las Tres Fronteras, ofreciendo una vista panorámica hacia el río y los paisajes de Argentina, Brasil y Paraguay. Allí se descubrió una placa en homenaje al Mensú, se depositó una ofrenda floral y también se plantó un lapacho. En ese espacio al aire libre, la delegación artística de Cultura volvió a ponerse en movimiento, con la música y la danza, y la presencia de las autoridades y María Teresa.

En ese marco, la directora de Patrimonio de la Municipalidad de Iguazú, María Esther Rolón, hizo entrega a Joselo Schuap de la designación -con fuerza de ordenanza- que otorga el nombre de Ramón Ayala al anfiteatro del Hito Tres Fronteras. La placa descubierta en Iguazú forma parte de una serie de homenajes que se vienen instalando en distintos puntos cardinales de la provincia. Todas fueron realizadas en los hornos de la Facultad de Arte de Oberá, con el acompañamiento de Ivonne Aquino y el equipo de la casa de altos estudios.

La jornada de homenaje culminó en “La Cabaña de los Muñecos”, donde la conmemoración tomó forma de peña. En el patio de este espacio dedicado a las artes, ubicado en la avenida 3 Fronteras, “Kossa Nostra” inauguró el escenario con sus tradicionales muñecos, recuperando anécdotas del Mensú. Luego llegaron las interpretaciones de Juani Shmedtje, Miguel Alfonzo y nuevamente Cacho Bernal. La bailarina Revinski también fue parte de la velada de sentida celebración, a la que la gente de la comunidad pudo sumarse libremente.

Más tarde se sumó el grupo “Herencia Gaucha”, mientras la noche avanzaba entre música, danza y encuentro. En medio de ese clima, la pintora iguazuense Marisol Gorgues fue construyendo en vivo el retrato de Ramón, sumando la pintura al tejido artístico de la jornada.

Fue, en definitiva, un día largo y lleno de matices. Una celebración que reunió música, palabra, danza y pintura; las mismas formas del arte que el maestro sembró en vida. Y quedó flotando en el aire la sensación de que Ramón estuvo ahí todo el tiempo. Como ese duende misionero que se fue queriendo quedarse porque sabe que este es su lugar.

A la orilla del Paraná, donde su gualambao sigue encendiendo antorchas en la memoria del Litoral. Porque Ramón Ayala nos enseñó algo simple y profundo: qué tan única es nuestra tierra. Y que somos nosotros -los que habitamos este rincón de la Argentina- quienes tenemos el legado de custodiar lo nuestro.
Somos ese pedazo de país que defiende a ultranza la esencia guaraní.
Esa que Ramón cantó.
Esa que nosotros defendemos como hijos.
Esa de la que estamos orgullosos de pertenecer.
Tan nuestro.
Tan guaraní.
Tan litoraleño.

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