Lo que debía ser una jornada de disfrute y asombro en una de las maravillas naturales del mundo, se transformó en una escena de nerviosismo para quienes caminaban por las pasarelas del Parque Nacional Iguazú.
Se difundió una imagen enviada por un lector que retrata una maniobra de irresponsabilidad extrema: un adulto sosteniendo a un bebé en el aire, a metros de las caídas de agua, imitando la escena de una película infantil mientras una mujer capturaba el momento.

El riesgo detrás de «la foto»
Si bien las pasarelas de las Cataratas cuentan con altos estándares de seguridad, están diseñadas para un tránsito normal y no para ser utilizadas como escenarios de acrobacias. Existen factores técnicos que hacen que esta conducta sea considerada una negligencia grave:
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Inestabilidad climática y física: Las pasarelas metálicas están bajo un constante rocío proveniente de los saltos, lo que las vuelve sumamente resbaladizas.
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Corrientes de aire: En los miradores principales, especialmente cerca de la Garganta del Diablo, se generan ráfagas de viento ascendentes que pueden desestabilizar a cualquier persona que no esté debidamente apoyada.
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Centro de gravedad: Sostener a un niño con los brazos extendidos desplaza el centro de gravedad del adulto, aumentando el riesgo de caída ante un tropiezo o un empujón accidental en medio de la multitud que circula.
El repudio a la «cultura del riesgo»
La búsqueda de un recuerdo visual o de una imagen impactante para redes sociales jamás debe estar por encima de la integridad física de un menor de edad. Las autoridades de Parques Nacionales insisten permanentemente en que los niños deben circular sujetos de la mano o en sus respectivos coches, y prohíben estrictamente asomarse o trepar a las barandas. Cruzar ese límite físico con un bebé en brazos es ignorar todas las normas básicas de convivencia y seguridad vial y turística.
La belleza de las Cataratas del Iguazú es imponente por sí sola. No requiere de maniobras que pongan en riesgo la vida.
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