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Recesión y coparticipación en caída: el FMI anticipa conflictividad social creciente por las políticas nacionales

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La economía argentina atraviesa un escenario complejo y de creciente tensión social. Según conversaciones privadas con enviados del Fondo Monetario Internacional (FMI), el organismo expresó su preocupación por la falta de reactivación y advirtió que, de mantenerse las tendencias actuales, el malestar social podría ser más palpable en 2027.

La advertencia se produce en un contexto donde la caída de la coparticipación federal, consecuencia directa de las políticas económicas del gobierno nacional, reduce los recursos disponibles para provincias, afectando su capacidad de inversión y provisión de servicios esenciales.

La política económica del gobierno nacional, orientada a controlar la inflación y promover una apertura comercial rápida, se traduce en un freno a la reactivación de la economía y en una caída general de la recaudación tributaria. En enero de 2026, las transferencias automáticas a provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sumaron 5,85 billones de pesos, lo que implicó una baja real del 6,7% frente al mismo mes de 2025. La contracción se explica principalmente por la caída del IVA, que retrocedió 11,8%, y otros tributos coparticipables, mientras que Ganancias creció apenas 0,2%.

La caída de la coparticipación federal impacta directamente en las finanzas provinciales. El Centro de Economía Política Argentina señaló que los recursos de origen nacional descendieron 6,2% real interanual en enero, con la coparticipación mostrando un retroceso aún mayor del 7,5%. Los gobernadores ya alertaron sobre el impacto de la reforma laboral, en particular el artículo 190 que reduce las contribuciones patronales, y reclaman compensaciones para evitar nuevas pérdidas de recursos provinciales.

Según las conversaciones con el FMI, sin señales claras de reactivación económica, la crisis podría profundizarse, generando mayor percepción de malestar social y tensiones en distintos sectores productivos. La combinación de caída de coparticipación y freno a la actividad económica podría derivar en un escenario de conflictividad social creciente en los próximos meses.

El impacto de la política nacional no se limita a los números macroeconómicos. La intervención política de las estadísticas oficiales y el uso de mediciones alternativas de pobreza e inflación complican la evaluación real de la situación económica. La disparidad entre los datos oficiales y la percepción social contribuye a una sensación de incertidumbre y desconfianza.

El debate sobre la recesión también incluye la caída de la actividad en sectores estratégicos, como comercio, industria y construcción. La apertura importadora y la falta de estímulos a la producción nacional provocan retrocesos en la producción y en la competitividad, afectando la economía real más allá de los indicadores financieros.

Los informes económicos destacan que, sin medidas correctivas, las provincias podrían enfrentar restricciones importantes en sus presupuestos, dificultando la provisión de servicios esenciales y la inversión en infraestructura. La contracción de recursos consolida un panorama fiscal delicado, con riesgos de tensión política y social.

En síntesis, según conversaciones con representantes del FMI, la recesión, combinada con la caída de la coparticipación y las políticas económicas actuales, podría derivar en un aumento significativo del malestar social y la conflictividad. El organismo insta a adoptar medidas que reactiven la economía y fortalezcan la capacidad financiera de las provincias para evitar que la crisis se profundice.

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