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ori - 03/07/2020

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La mano en el arado. Pesos muertos en el trabajo

 La mano en el arado. Pesos muertos en el trabajo

 



Pedro trabaja en una oficina exitosa de negocios. Es un buen chico, ha entrado en la empresa por su currículo pero sobre todo por su eficacia y su alta capacidad de resolver situaciones concretas. Le dieron un puesto de confianza que le dio opciones de proponer algunos colaboradores propios. En seguida pensó en Santiago. Había estudiado juntos en la misma facultad. Aunque era un poco inseguro y quejoso, siempre se habían entendido bien y pensó en él para darle una oportunidad. Se la merecía.

Los primeros meses fueron bastante bien. Pero luego algunos clientes y sus propios compañeros empezaron a tener conflictos con Santiago y con su forma de trabajar. Al principio, siempre encontraba razones para salir del paso: los problemas familiares, su esposa, sus hijos, alguna que otra visita al médico, falta de tiempo…Cuando Santiago estaba bien, de buen humor, era extrovertido, divertido, alegraba el ambiente de la oficina…, pero cuando las cosas se torcían era difícil hablar con él, se enojaba y descargaba su ira con mucha facilidad, se cerraba a toda posibilidad de diálogo. Por otra parte cada vez entregaba más tarde el trabajo y, en muchas ocasiones, sin terminar.
Una mañana el gerente general le llamó y después de una hora de reunión salió con cara blanca y muy nervioso.

Esa misma tarde Santiago invitó a su amigo Pedro a tomar un café. Le agradeció que le hubiera propuesto para la empresa pero que le parecía que el Gerente era inhumano, que no le escuchaban, que había tenido problemas con su pareja, que uno de sus hijos era delicado de salud y que nadie le entendía y los compañeros tampoco, ¡cómo en esa empresa podían ser tan inhumanos!
Pedro le escuchó, le alentó y, pensando que debería ser compasivo con su compañero empezó  a “echarle una mano” en su trabajo. Esto produjo otro problema. Tuvo que dedicar horas extras, empezó a llegar más tarde a casa y su esposa e hijos a quejarse de que no les dedicaba tiempo. La situación llegó a tal punto que Pedro se sentía entre la espada y la pared. Trabajaba y tapaba los agujeros de su amigo, pero eso le causaba mucho estrés y empezó a tener problemas con su familia, con su esposa e hijos.

Hasta que se encontró con un amigo de la infancia, un tal Gunípero. Era la quinta o sexta noche que, apenas había podido “pegar ojo”. Era domingo. Tenía que hacer varios informes para ayudar a Santiago. Su esposa e hijos se habían ido al campo. Se quedó dormido. Le despertó la vibración de su móvil que estaba en la cocina. Eran las doce de la mañana y era tal su desánimo que aún no se había levantado de la cama. Miró el móvil. Había veinticinco mensajes de Santiago, pero los que le habían despertado, misteriosamente, habían sido los dos últimos que eran de un viejo amigo de infancia, llamado Gunípero. Con él había pasado varias de sus vacaciones en la Toscana, en Gimignano.

Gunípero era un sacerdote franciscano que vivía en Sudamérica. Le decía en el whatsApp que estaba de paso en la ciudad y que le invitaba a almorzar. –Lo que me faltaba –pensó en sus adentros- qué alegría me da ver a Gunípero, ¿pero y el trabajo…?, -entonces tuvo un momento de arrebato y tan siquiera leyó los demás mensajes. Llamó a Gunípero y quedó con él en una pequeña tasca al lado de la catedral.

Ni habían terminado el saludo cuando Pedro le contó la situación y cómo le gustaría estar toda la tarde con él, enseñarle la ciudad, o andar en bicicleta como cuando eran adolescentes…, pero tenía que trabajar para terminar todo lo que estaba haciendo con su amigo Santiago.
Entonces Gunípero le dijo con mucha fuerza: -Pedro, 
"«El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve (no es apto) para el Reino de Dios.»"…, dijo Jesús a uno que quería ser su discípulo.

‑ Estos curas son todos iguales,  pensó Santiago, --¿qué me quieres decir con eso Gunípero?

-Pedro no te reconozco, te veo perdido y desorientado,-era fuerte el tono de su amigo- esta frase puede ayudarte si entras en su significado profundo

-Pues no la entiendo- dijo asombrado Pedro- me puedes “dar el sermón”- se rieron los dos- como hacías cuando había alguna travesura de adolescente por medio…

-Claro, Pedro, ¿qué te pasa para estar tan desorientado en tu vida?- lo decía un poco asombrado, como si no reconociese a su amigo.

-¿Estoy desorientado y me lo dices tú, cuando en realidad estoy haciendo una obra de caridad?
Gunípero se rió. –¿Una obra de caridad? –estás más perdido de lo que parecía al principioTu amigo aceptó el trabajo, “puso la mano en el arado”, pero ahora mira para otro lado, no cumple, no responde, no resuelve, siempre tiene algo que hacer que le despista y le saca de sus responsabilidades…, pues amigo, no puedes hacer nada, tú no puedes hacer su trabajo, porque le estás haciendo un flaco favor, te hundirás tú y se hundirá él, si quieres ayudarlo déjalo que él se haga cargo de lo que hace, de cómo lo hace y de cuándo lo hace. Cuando tengas tiempo compartes un café y le orientas pero nada más. Ni eres su marido, ni es tu hijo…, ¿dónde están tu esposa y tus hijos?, ¿por qué, hoy domingo no estás con ellos?…,¿sabes por qué?..., porque tienes un compañero que no hace su trabajo, porque tienes una persona en el equipo que no cumple con su parte, porque quieres ser su salvador…, los curas hablamos de que el salvador ya vino y se llama Jesús, no eres tú, no se llama Pedro. Esto es lo que quiere decir en esencia este mensaje.

Pedro insistió en su pensamiento caritativo: -Pero entonces él tiene razón que somos inhumanos y no entendemos sus problemas….

-Amigo Pedro. ¿Inhumano…? ¿Dónde dijiste que estaba Santiago hoy a la tarde?

-Pues, se fue a ver el partido de fútbol con un amigo. Estaba muy estresado…, lo necesitaba…

-Amigo Pedro, ¿inhumano? -le volvió a preguntar Gunípero a su amigo- Dime, ¡dónde está mi amigo Pedro, hoy domingo por la tarde?

-Pues ahora estoy contigo….-duda un poco y luego sigue- Pensaba trabajar toda la tarde…

-¿Haciendo qué…? –el tono de Gunípero suena un poco sarcástico- ¿el trabajo de su amigo que está en el fútbol….? y los hijos y la familia de Pedro, ¿dónde están?

-Amigo Pedro, soy sacerdote, pero hablo con mucha gente como tú y casi todos pasan situaciones similares a las tuyas. Creo que las palabras de Jesús de poner las manos en el arado son proféticas para el mundo de hoy. Las personas quejosas, las personas víctimas, los que siempre tienen “razonadas sin razones”, pero sueltan las manos del arado, de la vida, del trabajo, de sus responsabilidades… van a quedar perdidas, desorientadas…, descolgadas de la realidad. O como decía Jesús “no sirven, no son aptos”… ¿Es fuerte verdad?

-Sí, lo es –contestó Pedro- pero puede que tengas razón.
-Si quieres ayudar a tu amigo, 
-continuó Gunípero- déjalo que siga su camino. Si quita la mano del arado, y deja de lado sus compromisos laborales puede ser por varios motivos: o por que no quiere o porque no puede. En cualquier de estos dos casos lo mejor es que busque otro empleo menos exigente...

-Pero yo creo que tiene capacidad…- le interrumpió a Gunípero.
-Sí, puede que la tenga, -Gunípero le hablaba ahora en un tono mucho más afectivo- pero no lo acepta, no pone la mano en el arado. Y si es tan brillante como dices, le estás humillando porque al  hacerle tú la parte de su labor no lo dejas lucir, no le das la oportunidad de que brille.

Al terminar la conversación con su amigo cura, Pedro se dio una buena ducha, tomó el auto, y fue a la aldea a merendar con su esposa, con sus hijos y con sus suegros. Dejó el celular en modo avión, aunque sabía la que se avecinaba. Cuando lo fue a revisar horas más tarde tenía alrededor de ochenta whatsapps de Santiago y varias llamadas perdidas.

Pero se dio cuenta que se le habían abierto los ojos…, se fue cantando y contento todo el camino y regresó cantando en el coche a la ciudad con su esposa e hijos…no es apto, no sirve el que pone la mano en el arado y echa la vista atrás…

 

Gumersindo Meiriño Fernández

 
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